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    April 13

    María Nuestra Madre!

    Jesús, elevado en la Cruz, nos regaló una Madre para toda la eternidad. Juan, el Discípulo amado, nos representó a todos nosotros en ese momento y luego se llevó a María con él, para cuidarla por los años que restaron hasta su Asunción al Cielo.
    María se transformó así no sólo en tu Madre, sino también en la Madre de nuestra propia madre terrenal, de nuestro padre, hijos, de nuestros hermanos, amigos, enemigos, ¡de todos!.
    Una Madre perfecta, colocada por Dios en un sitial muchísimo más alto que el de cualquier otro fruto de la Creación. María es la mayor joya colocada en el alhajero de la Santísima Trinidad, la esperanza puesta en nosotros como punto máximo de la Creación. La criatura perfecta que se eleva sobre todas nuestras debilidades y tendencias mundanas. ¡Por eso es nuestra Madre!.
    La Reina del Cielo es también el punto de unión entre la Divinidad de Dios y nuestra herencia de realeza. Nuestro legado proviene del primer paraíso, cuando como hijos auténticos del Rey Creador poseíamos pleno derecho a reinar sobre el fruto de la creación, la cual nos obedecía. Perdido ese derecho por la culpa original, obtuvimos como Embajadora a una criatura como nosotros, elevada al sitial de ser la Madre del propio Hijo de Dios.
    ¡Y Dios la hace Reina del Cielo, y de la tierra también!. Allí se esconde el misterio de María como la nueva Arca que nos llevará nuevamente al Palacio, a adorar el Trono del Dios Trino. María es el punto de unión entre Dios y nosotros. Por eso Ella es Embajadora, Abogada, Intercesora, Mediadora. ¿Quién mejor que Ella para comprendernos y pedir por nuestras almas a Su Hijo, el Justo Juez?. María es la prueba del infinito amor de Dios por nosotros: Dios la coloca a Ella para defendernos, sabiendo que de este modo tendremos muchas más oportunidades de salvarnos, contando con la Abogada más amorosa y misericordiosa que pueda jamás haber existido. ¿Somos realmente conscientes del regalo que nos hace Dios al darnos una Madre como Ella, que además es nuestra defensora ante Su Trono?.
    Si tuvieras que elegir a alguien para que te defienda en una causa difícil, una causa en la que te va la vida. ¿A quien elegirías?.
    Dios ya ha hecho la elección por ti, y vaya si ha elegido bien: tu propia Madre es Reina y Abogada, Mediadora e Intercesora.
    ¿Qué le pedirías a Ella, entonces?.
    Reina del Cielo, sé mi guía, sé mi senda de llegada al Reino. Toca con tu suave mirada mi duro corazón, llena de esperanza mis días de oscuridad y permite que vea en ti el reflejo del fruto de tu vientre, Jesús. No dejes que Tus ojos se aparten de mi, y haz que los míos te busquen siempre a ti, ahora y en la hora de mi muerte.Jesús, elevado en la Cruz, nos regaló una Madre para toda la eternidad. Juan, el Discípulo amado, nos representó a todos nosotros en ese momento y luego se llevó a María con él, para cuidarla por los años que restaron hasta su Asunción al Cielo.
    María se transformó así no sólo en tu Madre, sino también en la Madre de nuestra propia madre terrenal, de nuestro padre, hijos, de nuestros hermanos, amigos, enemigos, ¡de todos!.
    Una Madre perfecta, colocada por Dios en un sitial muchísimo más alto que el de cualquier otro fruto de la Creación. María es la mayor joya colocada en el alhajero de la Santísima Trinidad, la esperanza puesta en nosotros como punto máximo de la Creación. La criatura perfecta que se eleva sobre todas nuestras debilidades y tendencias mundanas. ¡Por eso es nuestra Madre!.
    La Reina del Cielo es también el punto de unión entre la Divinidad de Dios y nuestra herencia de realeza. Nuestro legado proviene del primer paraíso, cuando como hijos auténticos del Rey Creador poseíamos pleno derecho a reinar sobre el fruto de la creación, la cual nos obedecía. Perdido ese derecho por la culpa original, obtuvimos como Embajadora a una criatura como nosotros, elevada al sitial de ser la Madre del propio Hijo de Dios.
    ¡Y Dios la hace Reina del Cielo, y de la tierra también!. Allí se esconde el misterio de María como la nueva Arca que nos llevará nuevamente al Palacio, a adorar el Trono del Dios Trino. María es el punto de unión entre Dios y nosotros. Por eso Ella es Embajadora, Abogada, Intercesora, Mediadora. ¿Quién mejor que Ella para comprendernos y pedir por nuestras almas a Su Hijo, el Justo Juez?. María es la prueba del infinito amor de Dios por nosotros: Dios la coloca a Ella para defendernos, sabiendo que de este modo tendremos muchas más oportunidades de salvarnos, contando con la Abogada más amorosa y misericordiosa que pueda jamás haber existido. ¿Somos realmente conscientes del regalo que nos hace Dios al darnos una Madre como Ella, que además es nuestra defensora ante Su Trono?.
    Si tuvieras que elegir a alguien para que te defienda en una causa difícil, una causa en la que te va la vida. ¿A quien elegirías?.
    Dios ya ha hecho la elección por ti, y vaya si ha elegido bien: tu propia Madre es Reina y Abogada, Mediadora e Intercesora.
    ¿Qué le pedirías a Ella, entonces?.
    Reina del Cielo, sé mi guía, sé mi senda de llegada al Reino. Toca con tu suave mirada mi duro corazón, llena de esperanza mis días de oscuridad y permite que vea en ti el reflejo del fruto de tu vientre, Jesús. No dejes que Tus ojos se aparten de mi, y haz que los míos te busquen siempre a ti, ahora y en la hora de mi muerte.

    Seguir adelante con Jesús!

    JESSBRILLS.gif picture by RosaSonrisa

    Ayer se atisbaba, pero hoy se hace patente. Hay crisis, cisma, escisión, abandono, ruptura, fin del camino para muchos de los que, por curiosidad u otros motivos, se han ido acercando a Jesús. Eran discípulos a tiempo parcial. Discípulos de los buenos tiempos. Discípulos de las palabras bonitas, del pan fácil y de los milagros sorprendentes. Han oído muchas cosas interesantes, pero cuando empieza a ser preciso implicarse un poco más, dan media vuelta. Muchos conocen a los padres de Jesús, saben de dónde viene, y parece que eso les impide ver más allá.

    Desde luego, en esta semana hemos visto como ha ido reduciéndose el número de interlocutores. Al principio, la gente, luego, los judíos, después, los discípulos, y al final, los Doce. Desde luego, si a principios de semana, los seguidores de Jesús no hubieran cabido en un estadio de fútbol, hoy cabrían en un microbús. Así eran las cosas.

    Y así siguen siendo hoy. En la vida de todos los seguidores de Jesús, hay un momento en que se plantea un interrogante parecido al del Evangelio de hoy. ¿Continuamos adelante con Jesús a pesar de que sus palabras parecen duras, o damos media vuelta y le abandonamos?...

     A veces nos cansa ser buenos, nos aburre ser justos, nos hastía poner la otra mejilla, queremos ser como todos, nos asaltan las dudas y la incredulidad, nos cuesta sacar un rato para ir a misa o para rezar, escuchamos más las declaraciones de los famosos que las palabras de nuestros Obispos, en fin, no somos discípulos ejemplares. “Solo los santos o los tontos pueden vivir de esta manera, es imposible para mí”, pensamos.

    Entonces se nos acerca Jesús, nos mira a los ojos y nos pregunta: ¿También tú quieres dejarme y marcharte?... Es cuestión de pensar seriamente a quién o a qué queremos seguir, con qué criterios deseamos organizar nuestra vida. El que no esté buscando en la vida algo que le llene, que le dé sentido, que tire la primera piedra. Muchos de los que dejaron a Jesús buscaban llenar ese vacío con Él. Si tú tienes ganas de dar sentido a tu vida, si quieres dejar de sentirte insatisfecho, atrévete a decir, como Pedro: “Señor, ¿a dónde iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.” Puede que sea duro, pero después de la cruz, siempre viene la Resurrección. De esta manera, a pesar de las caídas, de los tropezones, podremos seguir hacia la Felicidad, por encima de felicidades o alegrías pasajeras. Confía en Él, y mantente firme en la opción realizada. No estás solo.


    Alejandro, CMF

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    April 11

    El desaliento.

     

      

     

    El Desaliento
     

    Cierta vez se corrió la voz que el diablo se retiraba de los negocios y vendía sus herramientas al mejor postor.

    En la noche de la venta, estaban todas las herramientas dispuestas en forma que llamaran la atención, y por cierto eran un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, engaño... además de todos los implementos del mal. Pero un tanto apartado del resto, había un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, como si hubiese sido usado muchísimas veces y cuyo precio, sin embargo, era el más alto de todos.

    Alguien le pregunto al diablo cual era el nombre de laherramienta "Desaliento" fue la respuesta.


    "¿Por qué su precio es tan alto?" le preguntaron. "Porque ese instrumento" -respondió el diablo- "me es más útil que cualquier otro; puedo entrar en la conciencia de un ser humano cuando todos los demás me fallan, y una vez adentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoja. Esta muy gastado porque lo uso casi con todo el mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece, puedo abusar de él"…

    El precio de desaliento era tan, pero tan alto que aún sigue siendo propiedad del diablo…

    El desaliento es uno de los estados de ánimo contra el cuál es fortalecerse. Nos desalentamos con la situación económica, con nuestro trabajo, con nuestra familia, con la necesidad de cambio, con los grupos, con el engaño, con la mentira, con el desamor...

    Debemos mantenernos alertas contra el desaliento. Pero si hay un tropezón o una caída no hay que entregarse.

    Después de cada día se empieza otra vez desde un punto más alto!!