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    February 29

    Escuchen su Voz

    " Escuchen mi Voz"

    Jueves tercera semana Cuaresma, ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación...

     

    Jesucristo nuestro Señor no quiere dejarnos solos. Quiere ser Él el que nos acompañe, quiere ser Él el que camina junto a nosotros: “Escuchen mi voz y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré para que les vaya bien”. Éstas son las palabras con las que nuestro Señor exhorta al pueblo, a través del profeta, a escuchar y a seguir el camino de Dios

    Cristo, en el Evangelio, nos narra la parábola del hombre fuerte que tiene sus tesoros custodiados, hasta que llega alguien más fuerte que él y lo vence. Quién sabe si nuestra alma es así: como un hombre fuerte bien armado, dispuesto a defenderse, dispuesto a no permitir que nadie toque ciertos tesoros. Sin embargo, Dios nuestro Señor —más fuerte sin duda—, quizá logre entrar en el castillo y logre arrebatarnos aquello que nosotros le tenemos todavía prohibido, le tenemos todavía vedado. Cristo es más fuerte que nosotros. Y no es más fuerte porque nos violente, sino que es más fuerte porque nos ama más.

    Es el amor de Jesucristo el que llega a nuestra alma y el que viene a arrebatar en nuestro interior. Es al amor de Jesucristo el que no se conforma con un compromiso mediocre, con una vida cristiana tibia, con una vida espiritual vacía. Y Cristo quiere todo, según nuestro estado de vida: quiere todo en nuestra vida conyugal, quiere todo en nuestra vida familiar, quiere todo en nuestra vida social.

    “Escuchen mi voz”. Estas palabras tienen que resonar constantemente en nosotros a lo largo del tiempo cuaresmal. Si Dios nuestro Señor ha inquietado nuestra alma, si Dios nuestro Señor no ha dejado tranquilo nuestro corazón, si nos ha buscado, si nos ha asediado, si nos ha tomado, si nos ha conquistado, no es ahora para dejarnos solitarios por la vida, sino porque el primero que se compromete a llevar adelante nuestra vocación cristiana es Él, y va a estar con nosotros. La pregunta que nosotros tenemos que hacernos es: ¿Estamos dispuestos a seguir a Cristo o estamos dispuestos a abandonarlo?

    Al final de la lectura del profeta Jeremías, aparece una frase muy triste: “De este pueblo dirá: Éste es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, ni aceptó la corrección; ya no existe fidelidad en Israel; ha desaparecido de su misma boca”.

    Está en nuestras manos dar fruto. Está en nuestras manos perseverar. Está en nuestras manos el continuar adelante con nuestro compromiso de cristianos en la sociedad. De nosotros depende y a nosotros nos toca que Jesucristo pueda seguir caminando con nosotros, yendo a nuestro lado. El Señor vuelve a buscarnos hoy, el Señor vuelve a estar con nosotros, ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿Cuál va a ser nuestro comportamiento si nuestro Señor viene a nuestro corazón?

    Jesús, al final del Evangelio, nos lanza un reto: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Un reto que es una responsabilidad: o estamos con Él y recogemos con Él; o estamos contra Él, desparramando. No nos deja alternativas. O tomamos nuestra vida y la ponemos junto con Él, la recogemos con Él, la hacemos fructificar, la hacemos vivir, la hacemos llenarse, la hacemos ser testigos cristianos de los hombres, o simplemente nos vamos a desparramar.

    ¿Quién de nosotros aceptaría ver su vida desparramada? ¿Quién de nosotros toleraría que su existencia simplemente corriese? ¿No nos interesa tenerla verdaderamente rica, no nos interesa tenerla verdaderamente comprometida junto a Jesucristo nuestro Señor? Esto no se puede quedar en palabras, tenemos necesidad de llevarlo a los demás. Esto es obra de todos los días, es un compromiso cotidiano que está en nuestras manos.

    Vamos a pedirle a Jesucristo que nos guíe para comprometernos con nuestra fe, para comprometernos con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. La Iglesia que se nos ha entregado, viniendo desde muchas generaciones. La Iglesia de los mártires, la Iglesia de los apóstoles, la Iglesia de los confesores. La Iglesia que ha llegado a nosotros a través de dos mil años por medio de la sangre de muchos que creyeron en lo mismo que creemos nosotros. La Iglesia que es para nosotros el camino de santificación, y que es la Iglesia que nosotros tenemos que transmitir a las siguientes generaciones con la misma fidelidad, con la misma ilusión, con el mismo vigor con que a nosotros llegó.

    Pidámosle al Señor que la podamos transmitir íntegra a las generaciones que vienen detrás y la podamos extender a las generaciones que conviven con nosotros y que todavía no conocen a Cristo.

    Este compromiso no es un compromiso hacia dentro, sino que es un compromiso hacia afuera. Un compromiso que nace de un corazón decidido, pero que tiene que transformarse en acción eficaz, en evangelización para el bien de los hombres.

    Vamos a pedirle a Jesucristo que nos conceda la gracia de recoger con Él, la gracia de estar siempre a favor de Él, de escuchar su voz y de caminar por el camino que Él nos muestra, para ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación, una respuesta a los interrogantes que hay en tantos corazones, y que sólo nuestro Señor Jesucristo puede llegar a responder.

    " Te Amo mi Señor"

    February 28

    Tu Cruz


    UNETE A LA CRUZ:

    Para ser otro Cristo (Gal. 2, 20)

    -Un hombre escogido por Dios:
    -Entre mil personas que viven según los sentidos y la sola razón, vive con la luz pura de la fe y un amor vehemente a la cruz.
    -Es un hombre que pasa por la tierra como extranjero
    -Combate en el mundo pero no huye de el.

     Para estar Unidos.
    -Los que estamos unidos a la cruz somos mas fuertes que los ejércitos del mundo.
    -Los demonios se unen para perdernos; unamonos para derribarlos.
    -Los avaros se unen para hacer negocio; unamonos para conquistar los tesoros de la cruz.

     Para triunfar sobre el demonio, el mundo y la carne.
    -Con el amor a las humillaciones se derriba el orgullo de Satanás.
    -Con el amor a la pobreza, se triunfa sobre la avaricia del mundo.
    -Con el amor al dolor, se mortifica, la sensualidad de la carne.

    Reflexión:
    1- ¿Tienes verdadero deseo y voluntad de obrar así, con la gracia de Dios, con el poder de la Cruz y de Nuestra Señora de los Dolores?.

    2- ¿Utilizas los medios necesarios para conseguirlo?

    3- ¿Has entrado en el verdadero camino de la vida, que es el camino estrecho del Calvario o vas, sin darte cuenta, cediendo al camino ancho del mundo que conduce a la perdición?

    4- ¿Sabes que existe un camino que al hombre le parece recto y seguro pero en realidad lleva a la muerte?.

    5- ¿Sabes distinguir con certeza entre la voz de Jesús y su gracia y la del mundo y de la naturaleza? -"El que me sigue a mi no andará en tinieblas" (Jn. 8,12) "!Animo yo he vencido al mundo!" (Jn. 16,33)

    HAY DOS BANDOS

    1. El de Jesucristo  2. El del mundo y del demonio.

     El bando de Jesucristo:

    La corrupción del mundo se opone a este camino y lo hace estrecho. Pero Jesús va delante, descalzo, coronado de espinas, el cuerpo ensangrentado y cargando una pesada cruz.

    El número de los elegidos es menor de lo que se piensa (Mt. 20,16; Lc. 13,23-24). Solo los esforzados y los violentos arrebatan el cielo (Mt.11,12). Solo le sigue un pequeño rebaño (Lc. 12,32) porque su voz no se le puede oír en medio del tumulto del mundo o porque se carece del valor necesario para seguirlo en la pobreza, los dolores, las humillaciones y demás cruces que es preciso llevar para servir al Señor todos los días.

    "El que no tiene el Espíritu de Cristo- que es espíritu de cruz- no es de Cristo"(ver: Rom. 8,9).

    "Los que son del Mesías han crucificado sus bajos instintos con sus pasiones y deseos" (Gal. 5,24).

    "O somos imagen viviente de Jesucristo o nos condenamos".

    "Un criado no es mas que su amo" (Jn. 3,16).

     El bando del mundo y del demonio:

    Lo mas selecto del mundo corre tras el. Las multitudes van por el camino ancho atraídas por la apariencia espléndida y brillante. Buscan lo mas fácil y placentero.

    Para mantenerse en su engaño se dicen: "Dios es bueno y no nos creo para condenarnos. Dios no prohíbe las diversiones. No nos condenaremos por eso. !Fuera escrúpulos!. "No moriréis.."(Gen. 3,4).

    Casi todos abandonan a Jesús en el camino de la cruz. Los del mundo ven la cruz como locura, los judíos se escandalizan de ella (1 Cor. 1,23), y nosotros sus hijos, vivificados por su Espíritu, también nos hacemos enemigos de la cruz (Flp. 3,18). "¿También vosotros quereis marcharos?" (Jn. 6,67).

    Este siglo desprecia la pobreza de mi cruz para correr tras las riquezas; esquiva los dolores de mi cruz para buscar los placeres; odia las humillaciones de mi cruz para codiciar los honores. ¿Quieren conformarse a este siglo? (Rom. 12,2).

    Tengo aparentemente muchos amigos que aseguran amarme, pero en el fondo me aborrecen, porque no aman mi cruz. "Tengo muchos amigos de mi mesa y muy pocos amigos de mi cruz"

    No nos dejemos arrastrar por los sentidos -como Eva.

    Miremos al autor y consumador de nuestra fe (Hebr. 12,2), Jesucristo crucificado. Huyamos de la corrupción del mundo.

    MANDAMIENTO DE JESÚS PARA LA PERFECCIÓN CRISTIANA

    "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a si mismo, que cargue con su cruz, y me siga" (Mt.16,24; Lc 9,23)

    La perfección cristiana consiste en:

    1-En querer ser santo: "El que quiera venirse conmigo",
    2-En abnegarse: "que reniegue de si mismo",
    3-En padecer: "que cargue con su cruz"
    4-En obrar: "y me siga"

     1- En querer ser santo: "El que quiera venirse conmigo":

    "El que quiera". No dice "los que quieran", para indicar que son muy pocos los que buscan llevar la cruz. Por lo tanto es muy reducido el numero de los que se salva. (Las Escrituras y los santos, ej. S.Basilio, S. Efrén, S. Simón el Estilita, S.Teresa de Ávila, S. Agustín, Sto. Tomas Aquino concuerdan en esto)

    El conocimiento práctico del misterio de la cruz se comunica a pocos.

    "A vosotros se os ha dado a conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no" (Mt.13,11). Para recibirlo hay que estar decidido a entregar su vida, renunciar al mundo y ser amigo de Dios. "Resuelto a sacrificarlo todo, emprenderlo y padecerlo todo por Jesucristo"

    Hace falta voluntad.

    "El que quiera". O sea, el que tenga voluntad sincera, firme, resuelta. No por instinto natural, rutina, egoísmo o respeto humano, sino por la gracia del Espíritu Santo.

    Sepan que aquellos que no tienen tal determinación andan solo con un  pie. La cruz se debe amar con corazón generoso y de buena gana.

    "Una voluntad a medias -lo mismo que una oveja sarnosa-basta para contagiar todo el rebaño. Si una de estas hubiera entrado en el redil por la falsa puerta de lo mundano, echadla fuera en nombre de Jesucristo, como al lobo de entre las ovejas" (ver: Mat. 7,15; Jn.10,1)

    Jesús, "En vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz" (Hebr. 12,2).

    2-En abnegarse: "que reniegue de si mismo",

    El que quiera seguirme, a imitación mía, debe gloriarse solo en la pobreza, las humillaciones, y padecimientos de mi cruz: "que reniegue a si mismo". Mi amor en el le hará desear tanto seguirme que pondrá todo su corazón en el Reino sin contar el costo.

    "Fuera de entre ustedes los engreídos por sus propias luces y talentos, los charlatanes que aman mucho el ruido, los devotos orgullosos que, como Lucifer, dicen "No soy como los demás" (Lc. 18,11), los que no pueden soportar que los censuren, sin excusarse; que los ataquen, sin defenderse; que los humillen, sin ensalzarse."

    "No admitan entre ustedes a personas delicadas que rehuyen la menor molestia, que gritan y se quejan ante el mas leve dolor."

     3-En padecer: "que cargue con su cruz"

    La cruz son las humillaciones, menosprecios, dolores, enfermedades, pobreza, tentaciones, sequedades, abandonos, penalidades espirituales y todo tipo de circunstancias duras.

    Dios no se place en los sufrimientos de nadie. Pero Dios saca de el las mas grandes victorias contra el enemigo, si sus hijos llevan el sufrimiento con amor y confianza en Dios. La cruz nos purifica de tantos apegos a la carne y al mundo y nos ayuda a buscar primero el Reino de Dios.

    Dios sabe y tiene bajo su providencia, cada cruz que tengamos que llevar, de manera que ninguna vendrá sin que el nos de la gracia necesaria si se la pedimos. El sabe la cruz que nos conviene y aunque desgarre su corazón amoroso permite que la llevemos para nuestro bien.

    "Que cada uno cargue su propia cruz con entusiasmo y valentía. La cruz que mi Sabiduría le fabrico con numero, peso y medida..como fruto del amor infinito que le tengo".

    "Que cargue": Que no la arrastre, ni la rechace, ni la recorte, ni la oculte. En otras palabras, que la lleve con la mano en alto, sin impaciencia ni repugnancia, sin quejas ni criticas voluntarias, sin medias tintas ni componendas".

    "Que la plante en su corazón por amor, para transformarla en zarza ardiente, que día y noche se abrase en el puro amor de Dios, sin que llegue a consumirse...puesto que nada hay tan necesario, tan útil, tan dulce ni tan glorioso como padecer algo por Jesucristo".

    S. Pablo: "Lo que es a mi, Dios me libre de gloriarme mas que de la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (Gal. 6,14).

    Nada tan necesario como cargar la cruz.

    La cruz es necesaria para nosotros pecadores: Las cruces de esta vida nos ayudan a unirnos a Cristo y no caer en el castigo del infierno que todos merecemos.

    No pensemos que estamos seguros de no ir al infierno. Muchos creyéndose buenos estaban seguros de ellos mismos, se han permitido descuidos y quedaron condenados.

    ¿Pensamos esto cuando sufrimos alguna pena?. Estaríamos contentos de sufrir ahora si tan solo pensáramos en el purgatorio que es un padecer horrible. Muchos van allí por haberse conformado con confesiones a la ligera. Vale la pena padecer ahora y arrancar del demonio el libro de la muerte (Col. 2,14) en el que lleva anotados todos nuestros pecados y el castigo que merecen.

    En la otra vida todo se paga hasta el último centavo (Mt. 5,26), hasta la última palabra ociosa (Mt. 12,36). Ese mal pensamiento, esa palabra que se llevó el viento, serán castigados con  tormentos (Heb. 10,31).

    No es que a Dios le falte misericordia. Mas bien hay que entender que la misericordia no se consigue sin abrirnos a la cruz. Jesús nos dice: "podéis beber el cáliz? (Mt. 20,22).

    Excelente cosa es desear la gloria de Dios. Pero desearla y pedirla sin decidirse a padecerlo todo es una locura y una petición extravagante: "no saben lo que piden" En realidad para ser amigos de Dios y para entrar en el Reino "Tenemos que pasar mucho" (Hechos 14,22).

     La cruz es necesaria para los hijos de Dios.

    Con razón nos gloriamos de ser hijos de Dios, pero también debemos gloriarnos de sufrir con El.

    "Han echado en olvido la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge. Sufrís para corrección vuestra. Como hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? Pero si quedan sin corrección, cosa que todos reciben, señal de que son ustedes bastardos y no hijos. Además teníamos a nuestros padres según la carne, que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? ¡Eso que ellos nos corregían según sus luces y para poco tiempo!; mas el, para provecho nuestro, en orden a hacernos partícipes de su santidad. Cierto que ninguna corrección es de momento agradable, sino penosa; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella". (Hebr. 12,5-11)

    La cruz es necesaria para los discípulos de un Cristo crucificado

    "Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos y necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios". (1 Cor. 1,22-24).

    Jesucristo es el único maestro que predica la cruz. Aquel de ustedes que sepa llevar mejor su cruz -aunque, por otra parte, sea un analfabeto- es mas sabio en Jesucristo que todos los demás. Alégrate pues si eres de poca sabiduría según el mundo; si sabes sufrir con alegría, sabes mas que los que tienen doctorados de las grandes universidades pero no saben sufrir tan bien como tu.(Mat. 11,25)

    San Pablo, al bajar del tercer cielo -donde aprendió misterios escondidos a los mismos ángeles-, exclama que no quiere saber nada fuera de Jesucristo crucificado. (1 Cor. 2,2)

    La cruz es necesaria para los miembros de Jesucristo.

    Somos miembros de Jesucristo, somos su cuerpo. ¡Que honor! ¡Pero qué necesidad tan imperiosa de padecer implica serlo!

    ¿Si la Cabeza está coronada de espinas (Mt. 27,29), estarán los miembros coronados de rosas?.

    ¿Si la Cabeza es escarnecida camino al calvario (Mc.14,65), querrán los miembros vivir perfumados?.

    ¿Si la Cabeza no tiene donde reclinarse (Mt. 8,20), descansaran los miembros entre plumas?. !Eso sería una monstruosidad!. No se hagan ilusiones.

    Esos cristianos que veis por todas partes trajeados a la moda, en extremo delicados... no son los verdaderos discípulos de Jesús crucificado. ¡Cuántas caricaturas de cristianos que... mientras hacen con la mano la señal de la cruz, son sus enemigos en el corazón!.

    Si Cristo es nuestra cabeza, aceptemos como El la cruz por amor. Pues es necesario que el discípulo sea tratado como el Maestro, los miembros como la cabeza. Y, si el cielo nos ofrece -como a Santa Catalina de Siena- una corona de espinas y otra de rosas, escojamos la de espinas y hundámosla en nuestra cabeza para asemejarnos mas a Jesucristo.

     Ver la cruz sabiendo que somos piedras vivas.

    Somos piedras vivas del templo. Nos disponemos a ser labrados con el martillo de la cruz para no quedar como piedras toscas, que no sirven. No resistir al Señor que como arquitecto amoroso da golpes de martillo para convertirnos en bellas piedras para su edificio.

    Hay que sufrir como los santos.

    Jesús crucificado y María a sus pies, su corazón traspasado por una espada. Esta es la cruz. Si aceptamos la apreciación popular de lo que es ser cristiano no seguiremos a Jesús.

    Veamos mas bien a los santos. Ellos siguieron el ejemplo de Jesús con heroica fidelidad, sin compararse al mundo ni conformarse con la mediocridad espiritual.

    Debemos conocer y reflexionar a menudo sobre sus vidas para ver la grandeza del amor a que se nos invita.

    Estamos unidos a los santos (la comunión de los santos) en torno a Cristo. Ellos son "una inmensa nube de testigos" (Heb. 12,1).

    ¿Podemos entonces eximirnos de imitarlos en su amor a la cruz?

    Si no sufrimos como santos lo haremos como malditos. No es posible, al final evitar el sufrimiento. Si no sufrimos en el Señor, entonces será sin el consuelo de la gracia, sin la ayuda de Jesús, además tendremos el peso del demonio: la impaciencia, la murmuración y al final el infierno.

     Nada tan dulce como la cruz.

    Tenemos una fuerte tendencia de conformarnos con "no hacer nada malo" y no disponernos a sufrir por amor a Jesús.

    Todos los cristianos creemos en la cruz pero perdemos conciencia de su realidad. Se va quedando en teoría. El mundo nos va haciendo minimizar su actualidad porque la ley del mundo es: evitar el sufrimiento a todo costo.

    Nada se puede esperar de cristianos así. Son tierra que no produce.

    Si sufrimos por amor a Dios, la cruz se hará mas y mas suave porque la carne tendrá menos dominio sobre nosotros. "La cruz abrazada es la menos pesada" -Sta. Teresa de Ávila.

    Nada tan glorioso.

    Los santos gozaban en el Espíritu en medio de los tormentos. La alegría de la cruz es mayor que la de prisioneros liberados de la cárcel. Debemos estar alegres en las pruebas, saltar de gozo en la persecución no porque nos guste en la carne sino porque el mismo Dios viene a nosotros. Por eso decía Santa Teresa de Ávila: "O padecer o morir".

    El mundo llama a la cruz `locura, infamia, necedad' porque están ciegos y la juzgan humanamente. Pero para nosotros la cruz es la gloria (1 Cor. 1,1-2). San Pedro y Pablo son mas gloriosos por sus calabozos que por haber sido arrebatados en éxtasis.

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    Tu fe te ha salvado

                                      

    SANACION Y SUFRIMIENTO.

    En el ministerio de sanación, dos ideas fundamentales hay que tener claras. Son las que vamos a presentar en este trabajo.

    DIOS QUIERE LA SALUD DEL HOMBRE TOTAL.
    Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento "afirman que nuestra humanidad es una por esencia; cuerpo y alma son dos aspectos diferentes del conjunto de nuestro ser. En otros términos, el acento se pone en la unidad de nuestra naturaleza (unidad ciertamente compleja) y no sobre sus partes constitutivas. Hombres y mujeres son seres enteramente integrados más que colección de compartimentos. (Gen.1, 26-27; 2,7; I Tes.5,23-24). Puesto que somos una unidad estrecha,en la que entran diversos niveles de la persona humana, podemos afirmar que Dios quiere sanar todos y cada uno de ellos, ya que entran a formar la realidad total del hombre".

    El plan de Dios sobre el hombre no es otro que el de su salvación. Y la salvación no es otra cosa que el encuentro de Dios con el hombre. En ese encuentro el hombre consigue su felicidad.

    El hombre se separa de Dios por el pecado y entonces pierde:

    La gracia santificante
    La salud; el hombre se encuentra con las enfernmedades como fruto del pecado
    .
    Jesús vino a restablecer lo que el hombre había perdido por el pecado; no solo a perdonar sus pecados, sino también a reparar los efectos del pecado. Viene a dar vida plena en abundancia (Jn.10,10) Cristo redime al hombre total, y éste no solo es espíritu y alma sino también cuerpo. San Mateo nos dice: "Jesús...proclamaba la buena nueva del Reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia" (Mt. 9,35).

    "Las curaciones de Jesús son signo de su misión mesiánica (cf.Lc.7,20-23). Ellas manifiestan la victoria del Reino de Dios sobre todo tipo de mal y se convierten en símbolo de la curación del hombre entero, cuerpo y alma" (Cf. Mc. 2, 1-12)(Instrucción Santa Sede).

    Las curaciones de Jesús, pretenden además, acrecentar nuestra fe. A Jairo Jesús le dice: "No temas; basta que tengas fe y se curará" (Lc.8, 50).
    Que nos apartemos del pecado: Dice Jesús: "Mira, has sido curado. No peques más, para que no te suceda algo peor" (Jn. 5, 14).
    Atraer a la gente para hablarles del Reino de Dios.
    Resumiendo. DIOS DESEA QUE EL HOMBRE GOCE DE LA PLENITUD DE LA SALVACIÓN.

    B- EL SUFRIMIENTO EN EL PLAN DE DIOS.

    Si bien la enfermedad y el sufrimiento que conlleva, es fruto del pecado, con todo, no siempre la enfermedad es fruto del pecado personal.

    El sufrimiento puede estar en el plan de Dios para ser cooperador a la aplicación de la Redención de Cristo. Y es ahí, en donde se convierte en causa de salvación, de purificación, de santidad.

    "Pero la enfermedad se manifiesta con un carácter ambivalente, ya que por una parte se presenta como un mal cuya aparición en la historia está vinculada al pecado y del cual se anhela la salvación, y por otra parte puede llegar a ser medio de victoria contra el pecado."

    (Instrucción de la Santa Sede)

    Difícilmente podremos penetrar en los planes de Dios, y menos cuando se trate del sufrimiento en el mundo. Estos modos divinos nos dejan perplejos, nos "escandalizan".

    Los apóstoles se escandalizaron cuando Cristo les anuncia su pasión (Lc.18,34). No entendían cuando les decía: "Si a mí me han perseguido, también os persiguirán a vosotros" (Jn.15,20) y "Os aseguro que vosotros llorareis y gemireis" (Jn.16, 20).

    Y por otro lado nos preguntamos: ¿Por qué permitió la muerte de Lázaro, pudiendo haber ahorrado el dolor a esa familia que tanto le amaba? ¿Por qué el sufrimiento del justo y del inocente?

    No es fácil dar respuestas a nuestro desconcierto ante el sufrimiento. Es en el Nuevo Testamento donde encontramos una respuesta plena a tantos interrogantes. "En efecto, el mismo Cristo, que no cometió ningún pecado, sufrió en su pasión penas y tormentos de todo tipo, e hizo suyos los dolores de todos los hombres, cumpliendo así lo que de Él había escrito el profeta Isaías (cf. Is 53,4-5)". (4) Pero hay más: "En la cruz de Cristo no sólo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. (. . .) Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo". (Juan Pablo II)

    Pablo nos da un claro ejemplo con sus palabras: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col. 1,24). Y, como San Pablo, también "muchos enfermos pueden convertirse en portadores del "gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones" (I Ts. 1,6) y ser testigos de la Resurrección de Jesús". (Juan Pablo II).

    La historia está llena de estos ejemplos, desde los mártires que derramaron su sangre, hasta tantos cristianos (verdaderos mártires) que desde la enfermedad, el sufrimiento, el dolor se han santificado y han llevado la salvación de Cristo hasta los últimos rincones del mundo.

    Resumiendo. LA CRUZ ES UN MISTERIO. Solamente a la luz del misterio de Cristo se nos esclarece. Fuera de Cristo, el problema del mal y del dolor es inexplicable, sigue siendo, como la cruz "ESCÁNDALO PARA LOS JUDIOS, Y LOCURA PARA LOS PAGANOS, PERO PARA LOS LLAMADOS...PODER Y SABUDURÍA DE DIOS" (1 Cor. 1, 23-24).

    Dios tiene un Plan sobre el hombre, y el hombre, como criatura libre, debe colaborar con ese Plan para que le reporte la mayor felicidad.

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    February 27

    Lo que debemos enseñarle a los niños

     

     

    LO QUE DEVEMOS ENSEÑAR A LOS NIÑOS

    Enséñales a los niños a creer en los ideales, y que aquellas cosas que no se ven tambien son realidades.

    Dile que el amor no se ve, pero se puede sentir, que la musica tiene una explicación pero que las melodias salen del corazón.

    Enséñales a tener esperanzas, pues todos los días sale el sol. Y no le digas que sale porque existe una ley de gravedad o que el sistema solar se mantiene por una perfecta estabilidad de las fuerzas centrifugas y centripetas.

    Enséñales que el sol sale porque Dios trae la luz por esa estrella resplandeciente.

    Enséñales el respeto por las cosas simples y por la naturaleza.

    Enséñales a orar, a cerrar los ojitos y que se imaginen a su ángel guardián que los protege y los guia.

    Enséñales todos los días a trabajar en un pequeño proyecto, diferente siempre.

    Estimula su creatividad con sus juguetes y con otros juguetes que ellos mismos puedan crear.

    Enséñales a sonreir y siempre acarícialos, sean quienes fueran esos niños, porque no sabes en que pueden convertirse mañana, tal vez sean ellos quienes te den su mano amiga o te nieguen el saludo cuando menos lo esperes.


    Tal vez sean tu medico, tu amigo, tu asaltante, o tu juez.

    Enséñales que la vida es aprender a ser feliz y que la vida nos dará muchas alegrias, pero nosotros debemos darle tambien un sabor a la vida.

    Enséñales que debemos darle un poco de alegria a todas las cosas y que todo lo que llegue a nuestras manos o a nuestra vida, siempre debemos dejarlo mejor de lo que estaba cuando lo encontramos.

    Enseñales que todo aquello que tome contacto con nosotros debe siempre mejorar.

    Enseñales el valor del respeto, de la fe, de la confianza, enseñales a ser inteligentes y que no desdeñen sus sentimientos, enseñales a amar y que en todo momento sepan que tienen el derecho de vivir y ser cada uno lo que en su vida quiera ser.

    Enseñales que cuando sean grandes deben querer y respetar a los futuros niños
    (Shoshan)

     
    Bendiciones. Alicia.-



    February 21

    Ser coherentes...

    Vivir como Cristo nos ha enseña

    ser coherentes con lo que pensamos, decimos y actuamos por amor a Cristro...

      Constantemente, Jesucristo nuestro Señor, empuja nuestras vidas y nos invita de una forma muy insistente a la coherencia entre nuestras obras y nuestros pensamientos; a la coherencia entre nuestro interior y nuestro exterior. Constantemente nos inquieta para que surja en nosotros la pregunta sobre si estamos viviendo congruentemente lo que Él nos ha enseñado.

    Jesucristo sabe que las mayores insatisfacciones de nuestra vida acaban naciendo de nuestras incoherencias, de nuestras incongruencias. Por eso Jesucristo, cuando hablaba a la gente que vivía con Él, les decía que hicieran lo que los fariseos les decían, pero que no imitaran sus obras. Es decir, que no vivieran con una ruptura entre lo que era su fe, lo que eran sus pensamientos y las obras que realizaban; que hicieran siempre el esfuerzo por unificar, por integrar lo que tenían en su corazón con lo que llevaban a cabo.
    Esto es una de las grandes ilusiones de las personas, porque yo creo que no hay nadie en el mundo que quisiera vivir con incongruencia interior, con fractura interior. Sin embargo, a la hora de la hora, cuando empezamos a comparar nuestra vida con lo que sentimos por dentro, acabamos por quedarnos, a lo mejor, hasta desilusionados de nosotros mismos. Entonces, el camino de Cuaresma se convierte en un camino de recomposición de fracturas, de integración de nuestra personalidad, de modo que todo lo que nosotros hagamos y vivamos esté perfectamente dentro de lo que Jesucristo nos va pidiendo, aun cuando lo que nos pida pueda parecernos contradictorio, opuesto a nuestros intereses personales.
    Jesús nos dice: “El que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. ¡Qué curioso, porque esto parecería ser la contraposición a lo que nosotros generalmente tendemos, a lo que estamos acostumbrados a ver! Los hombres que quieren sobresalir ante los demás, tienen que hacerse buena propaganda, tienen que ponerse bien delante de todos para ser enaltecidos. Por el contrario, el que se esfuerza por hacerse chiquito, acaba siendo pisado por todos los demás. ¿Cómo es posible, entonces, que Jesucristo nos diga esto? Jesucristo nos dice esto porque busca dar primacía a lo que realmente vale, y no le importa dejar en segundo lugar lo que vale menos. Jesucristo busca dar primacía al hecho de que el hombre tiene que poner en primer lugar en su corazón a Dios nuestro Señor, y no alguna otra cosa. Cuando Jesús nos dice que a nadie llamemos ni guía, ni padre, ni maestro, en el fondo, a lo que se refiere es a que aprendamos a poner sólo a Cristo como primer lugar en nuestro corazón. Sólo a Cristo como el que va marcando auténticamente las prioridades de nuestra existencia.
    Cristo es consciente de que si nosotros no somos capaces de hacer esto y vamos poniendo otras prioridades, sean circunstancias, sean cosas o sean personas, al final lo que nos acaba pasando es que nos contradecimos a nosotros mismos y aparece en nuestro interior la amargura.

    Éste es un criterio que todos nosotros tenemos que aprender a purificar, es un criterio que todos tenemos que aprender a exigir en nuestro interior una y otra vez, porque habitualmente, cuando juzgamos las situaciones, cuando vemos lo que nos rodea, cuando juzgamos a las personas, podemos asignarles lugares que no les corresponden en nuestro corazón. El primer lugar sólo pertenece a Dios nuestro Señor. Podemos olvidar que el primer escalón de toda la vida sólo pertenece a Dios. Esto es lo que Dios nuestro Señor reclama, y lo reclama una y otra vez.
    Cuando el profeta Isaías, en nombre de Dios, pide a los príncipes de la tierra que dejen de hacer el mal, podría parecer que simplemente les está llamando a que efectúen una auténtica justicia social: “Dejen de hacer el mal, aparten de mi vista sus malas acciones, busquen la justicia, auxilien al oprimido, defiendan los derechos del huérfano y la causa de la viuda”. ¿Somos conscientes de que lo que verdaderamente Dios nos está pidiendo es que todos los hombres de la tierra seamos capaces de poner en primer lugar a Dios nuestro Señor y después todo lo demás, en el orden que tengan que venir según la vocación y el estado al cual hemos sido llamados?
    Si cometemos esa primera injusticia, si a Dios no le damos el primer lugar de nuestra vida, estamos llenando de injusticia también los restantes estados. Estamos cometiendo una injusticia con todo lo que viene detrás. Estaremos cometiendo una injusticia con la familia, con la sociedad , con todos los que nos rodean y con nosotros mismos.
    ¿No nos pasará, muchas veces, que el deterioro de nuestras relaciones humanas nace de que en nosotros existe la primera injusticia, que es la injusticia con Dios nuestro Señor? ¿No nos podrá pasar que estemos buscando arreglar las cosas con los hombres y nos estemos olvidando de arreglarlas con Dios? A lo mejor, el lugar que Dios ocupa en nuestra vida, no es el lugar que le corresponde en justicia.
    ¿Cómo queremos ser justos con las criaturas —que son deficientes, que tienen miserias, que tienen caídas, que tienen problemas—, si no somos capaces de ser justos con el Creador, que es el único que no tiene ninguna deficiencia, que es el único capaz de llenar plenamente el corazón humano?
    Claro que esto requiere que nuestra mente y nuestra inteligencia estén constantemente en purificación, para discernir con exactitud quién es el primero en nuestra vida; para que nuestra inteligencia y nuestra mente, purificadas a través del examen de conciencia, sean capaces de atreverse a llamar por su nombre lo que ocupa un espacio que no debe ocupar y colocarlo en su lugar.
    Si lográramos esta purificación de nuestra inteligencia y de nuestra mente, qué distintas serían nuestras relaciones con las personas, porque entonces les daríamos su auténtico lugar, les daríamos el lugar que en justicia les corresponde y nos daríamos a nosotros también el lugar que nos corresponde en justicia.
    Hagamos de la Cuaresma un camino en el cual vamos limando y purificando constantemente, en esa penitencia de la mente, nuestras vidas: lo que nosotros pensamos, nuestras intenciones, lo que nosotros buscamos. Porque entonces, como dice el profeta Isaías: “[Todo aquello] que es rojo como la sangre, podrá quedar blanco como la nieve. [Todo aquello] que es encendido como la púrpura, podrá quedar como blanca lana. Si somos dóciles y obedecemos, comeremos de los frutos de la tierra”.
    Si nosotros somos capaces de discernir nuestro corazón, de purificar nuestra inteligencia, de ser justos en todos los ámbitos de nuestra existencia, tendremos fruto. “Pero si se obstinan en la rebeldía la espada los devorará”. Es decir, la enemistad, el odio, el rencor, el vivir sin justicia auténtica, nos acabará devorando a nosotros mismos, perjudicándonos a nosotros mismos.
    Jesucristo sigue insistiendo en que seamos capaces de ser congruentes con lo que somos; congruentes con lo que Dios es para nosotros y congruentes con lo que los demás son para con nosotros. En esa justicia, en la que tenemos que vivir, es donde está la realización perfecta de nuestra existencia, es donde se encuentra el auténtico camino de nuestra realización.
    Pidámosle al Señor, como una auténtica gracia de la Cuaresma, el vivir de acuerdo a la justicia: con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

    Dios te bendiga

    February 18

    No te Rindas...

    Bendiciones

    No te rindas, aún estás a tiempo
    de abrazar la vida y comenzar de nuevo,
    aceptar tu sombra, liberar el peso y retomar el vuelo.
    No te rindas, que la vida es eso,
    continuar el viaje, perseguir tus sueños,
    abrir las esclusas, destrabar el tiempo,
    correr los escombros y destapar el cielo.
    No te rindas, por favor, no cedas,
    aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
    aunque el sol se ponga y se acalle el viento,
    aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.

    Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
    porque lo has querido y porque yo te aprecio,
    porque existe el vino y el amor es cierto,
    porque no hay herida que no cure el tiempo.
    Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
    bajar el puente y cruzar el foso,
    abandonar las murallas que te protegieron,
    volver a la vida y aceptar el reto.
    Recuperar la risa, ensayar un canto,
    bajar la guardia y extender las manos,
    desplegar las alas e intentar de nuevo,
    celebrar la vida, remontar los cielos.
    -Mario Benedetti-

    February 14

    HOY ES EL DIA

    el lago
    No existe un día más hermoso que el día de hoy.
    La suma de muchísimos ayeres, forma mi pasado. 
    Mi pasado se compone de recuerdos alegres... tristes...
    Algunos están fotografiados y ahora son cartulinas
    donde me veo pequeña, donde mis padres
    siguen siendo recién casados,
    donde mi ciudad parece otra.
    El día de ayer pudo haber sido un hermoso día...
    pero.... no puedo avanzar mirando
    constantemente hacia atrás, corro el riesgo
    de no ver los rostros de los que marchan a mi lado.
    Puede ser que el día de mañana amanezca aún
    más hermoso... pero no puedo avanzar mirando
    solo el horizonte, corro el riesgo de no ver el
    paisaje que se abre a mi alrededor.
    Por eso, yo prefiero el día de hoy.
    Me gusta pisarlo con fuerza, gozar su sol
    o estremecerme con su frío, sentir como
    cada instante dice: presente!!
    Sé que es muy breve, que pronto pasará,
    que no voy a poder modificarlo luego,
    ni pasarlo en limpio.
    Como tampoco puedo planificar demasiado
    el día de mañana: es un lugar que todavía no existe.
    Ayer fui.
    Mañana, seré.
    Hoy, soy.
    Por eso:
    Hoy,  digo  quiero
    Hoy,  escucho.
    Hoy, pido disculpas por mis errores.
    Hoy, ayudo.
    Hoy, comparto lo que tengo
    Hoy, no me guardo ninguna palabra de afecto para mañana.
    Porque hoy respiro, veo, pienso, oigo, sufro, huelo,
    lloro, trabajo, toco, río, amo...
    Hoy.....
    Hoy estoy viva. Como tú.
     Hoy... puedo decir... que tengo más
    fuerzas para seguir.
    Hoy es el día...
    Un día como no lo hubo y como no lo habrá.
    Autor Desconocido